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Quiero compartir con ustedes la idea que tengo acerca de “esto” que he llamado Comunicación Emocional.
La idea de Comunicación Emocional la planteo como una forma de comunicación no necesariamente de manera exclusiva, verbal.
Es transformar la presencia física de las personas en “presencia emocional”, por lo tanto cuando se “hace” comunicación emocional, el discurso de un diálogo verbal cede importancia al “diálogo” de las “sensaciones emocionales” que se experimentan al compartir algo con alguien.
La Comunicación Emocional no necesariamente implica el diálogo verbal. Es un intercambio de emociones, afectos, sensaciones, pensamientos y una transmisión de comentarios sueltos, sugerencias, apreciaciones y consejos pero nunca órdenes
En mi libro “La Teoría de la Comunicación Emocional en el Hogar”, explico lo que para mi es la comunicación emocional al describir lo que experimentan un padre y su hijo al compartir, por ejemplo, el ver un programa en la televisión juntos. El niño se siente feliz de tener a su padre a su lado, echados, los dos, en el piso o cómodamente sentados en un sillón o en algún lugar parecido, compartiendo con él este momento que para el niño es totalmente grato. Y es grato porque “siente” a su padre como a un “igual” y no como al adulto que habitualmente se dirige a él de manera racional, con muchas órdenes o muchas razones para hacer o no hacer algo y de ésta y no tal otra manera. Es decir está, en ese momento con su amigo y no con el adulto autoridad.
Esta sensación crea entre los dos un ambientes especial de intimidad, de “complicidad” de compartir este momento exclusivamente de ellos.
Esta intimidad especial permite experimentar esas sensaciones emocionales a las que hago referencia líneas arriba.
Esas sensaciones emocionales son: la felicidad que siente el niño al tener a su padre haciendo los mismo que él hace; el sentirse entendido por este padre; el saberse escuchado por este padre; la tranquilidad que siente y que proviene de todas las sensaciones que está experimentando. La suma de todo esto se traduce en una gran sensación placentera que alimenta su seguridad personal o emocional.
¿Y el padre? Claro el padre también experimenta todo lo anterior. Produciéndose un feedback de sensaciones placenteras, entre padre e hijo que incrementa el deseo de seguir compartiendo todas las actividades del niño.
Practicado esto diariamente se logra: una vía de comunicación permanente, fluida y en ambos sentidos; incrementar la seguridad emocional de los niños (aspecto clave en el desarrollo de la personalidad); en otras cosas importantes en la vida familiar.
Y esto lo podemos hacer desde que el niño llega a la casa (cuando nace).
!Todo esto y mucho más es Comunicación Emocional¡ |